lunes, 6 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
Mendigando felicidad
"El mendigo"
La soledad, la soledad...consume mi vida, hasta el punto de casi extinguirme.
Las cosas no me iban tan mal hace algún tiempo, empecé a tener nuevas ilusiones, empecé a creer de nuevo en la vida, a ver todo con diferentes ojos, a divisar nuevos horizontes. La partida de Xóchitl me afectó profundamente en el corazón, en el alma. Fue el dolor más intenso que pude haber sentido en toda mi vida, nunca amé tanto a una persona, y nunca volveré a amar a otra persona con la misma intensidad, ni siquiera a ella misma. Ella fue realmente mi primer amor, así, con todas sus letras. Hace un tiempo Karin me lo dijo y estuve de acuerdo con ella, nunca se vuelve a amar tanto cómo a esa primera persona que significó tanto en tu vida. Al perderla pensé que había perdido definitivamente todo. Iba sin ganas a estudiar a la Sérvulo, ilusionándome y diciéndome a mi mismo que esta etapa sería un escalón más para poder viajar a México y consumar mi ilusión. Pensaba en que nunca jamás nadie se volvería a fijar en mí, mi autoestima estaba por los suelos; la enfermedad se agravó intensamente hasta el punto de sufrir otra crisis. Así estuve durante no sé cuanto tiempo, perdí la noción con el sufrimiento. Hasta que al final lo acepté, así cómo se acepta la pérdida de un ser querido al morir; en algún lugar leí que el dolor de la pérdida de un amor es equivalente al del perder a alguien que ha muerto.
Mi ilusión renació en Naysha, una chica de la cual hablé anteriormente y a la cuál no le di mayor importancia. No sé si me forcé a enamorarme de ella, no es la típica persona en la cuál me fijaría yo. A pesar de que acepto que desde la primera vez que la vi me impresionó. No es una chica extremadamente bella, por lo que aquel no fue el motivo del deslumbramiento que me causó. Su actitud emprendedora, sus ánimos, y la manera en cómo ve la vida, la alegría que ella rebosa fue el detonante de todos los sentimientos que empecé a sentir para con ella. Pasaron muchas cosas con ella, cosas que a pesar de todo, fueron cosas indirectas, nunca le insinué tanto, o nunca le demostré lo que sentía por ella del todo, y posiblemente nunca lo haga. No recuerdo desde que momento empezaron nuestro roces, literalmente. Recuerdo la primera vez que le toque el rostro de la nada, con la excusa de que mi mano estaba muy fría, no le dije absolutamente nada, fueron unos toquecillos en su brazo, y luego una caricia en su rostro lo que comenzó nuestra complicidad. Recuerdo esa nerviosa sonrisa con la cual me correspondió y no con el rechazo que yo me imaginé. Nuestros primeros momentos cómplices se dieron un día en casa de Mónica, al cual fuimos para ensayar una danza que finalmente terminé por aceptar en participar. Naysha y yo tomamos unos tres copas de pisco puro que nos animo mucho y nos puso bastante pilas. Hablamos de muchas cosas, recuerdo que conversamos sobre unos libros que tenía Mónica en casa, varias obras literarias, en especial el de Julio Verne, "Viaje al centro de la tierra", me contó que ella había leído de otras fuentes sobre teorías similares de civilizaciones intraterrestres. Los temas en común iban favoreciendo la conversa. Me gustaba que cada que soltaba una carcajada se recostaba sobre mí y reía incontrolablemente, por momentos nuestras manos rozaban a propósito, cuando ella me daba los cinco, costumbre que tiene bien arraigada. Hubieron momentos en los cuales nuestras manos rozaban y yo ya no la soltaba, me gustaba que no opusiera resistencia, que nuestros dedos se acariciasen, cómo ajenos a nosotros, cómo si aquel gesto fuera el único indicio de complicidad y que la conversación que sosteníamos sólo fuera una excusa inocente de lo que realmente queríamos hacer. Todo en su rostro me parecía bello, sus ojos con pupilas dilatadas y grandes me encantaban, sus labios pobremente brillantes tenían una magia especial y el mechón de su cabello el cual le llegaba hasta la nariz, la cual acariciaba era posiblemente lo mejor de aquella visión.
Creo que fue en nuestro viaje a Pisco en el cual nuestra complicidad llegó a su punto más alto. Fue de lo mejor que pasé aquí en Ica. Nos encontramos una mañana en Pisco ella y yo, previo acuerdo con otros chicos (Mónica y Dam), para ir a pasear a las islas Paracas, luego de encontrarnos con los otros dos fuimos a una agencia de tours a comprar nuestros boletos. El viaje fue entrañable. Viajamos junto a turistas suecos, estadounidenses, mexicanos y colombianos por varios lugares típicos del recorrido turístico de la region paracas. Fuimos a ver fósiles de cuarenta millones de años de antigüedad, fuimos a ver la catedral que se derrumbo por acción del terremoto, fuimos a una playa de arenas rojas...pero nada de ello recuerdo tanto cómo el viaje en bus que pasé al costado de Naysha. Tenerla a mi costado, riéndose conmigo, siguiendo las caricias, me hacía sentir cómo un pre adolescente ilusionado. Sentía esas mariposas revoloteando en el estómago cuando ella apoyaba su cabeza en mi hombro. Era tan genial, poder sentir que por un momento esa chica alborotada y con una fuerte personalidad, dejaba caer lentamente su ser en alguien cómo yo. Me sentía en un extasis sensorial, no me importaba los lugares, ni el tour ya, sólo ella, ella era el motivo de mi viaje, ella era el objetivo de todo. Y aunque no logré nada aquel día, a diferencia de Dam que besó a Mónica al final del viaje, y se hicieron novios, la ilusión de ella, una chica tan distinta a mí, pero a que ala vez me lograba encantar tanto, reducía en mucho mis pasadas penas. Ya hasta me daba igual, no podía pensar en cosa que no fuere ella. En ese momento olvidé por completo el dolor que sentía por Xóchitl, ya no era en ella en quién pensaba en todo momento, en lo que hará, en que si estaría conversando con Suzette, en por qué no me habría agregado a mí cómo su exnovio, a diferencia de Julio Atzin o la misma Suzette, o por qué me habría eliminado nuevamente, realmente me era por completo indiferente, ya no eran los pensamientos sobre ella, ahora en todo momento era Naysha.
Cuando volvía en el bus camino a Lima, era en ella en quien pensaba y con quién me ilusionaba. Me sentía feliz. Incluso sabiendo que ella era de una ideología más conservadora, es bastante religiosa, y aunque respeta, no está de acuerdo con actitudes demasiado liberales. Tuvimos una última salida a Pisco, Naysha y yo, junto con Karin y un chico llamado Miguel. Salida en que terminó todo mal, pues me dio una crisis de psicosis en casa de Karin, todos se asustaron, me contaron que me vieron actuar extraño, que me ponía muy nervioso, y que no sabían si podría regresar a casa cuando me embarcaron en el bus. No recuerdo nada eso, cómo siempre que me dan mis crisis. En esa salida también me fue bien con Naysha al inicio, se repitieron las caricias y abrazos en el bus, pero en parte los celos que sentí por Miguel cuando veía que Naysha le daba preferencia a él, me empezó a poner nervioso y desencadenó mi crisis, y cagó todo el viaje, y lo cagué mejor dicho.
El fin de semana pasado fue cuando mi vida dio un vuelco nuevamente. Naysha y yo nos emborrachamos con un pisco que trajo Mónica, nuevamente. Naysha tomó, supuestamente para darse valor en la actuación que saldría a dar aquel día, un sketch que haría con Flor de María, con una canción de fondo, algo cómico. Pero Naysha y yo nos pasamos de copas y no nos controlamos, ella empezó a mandar a la mierda a todo el mundo, se puso agresiva, muy agresiva. En un momento también me mandó a la mierda a mi, me recriminó el hecho de estarle tocando, cuando estábamos sentados en las gradas de una escalera, porque no podíamos caminar por el mareo, y en un momento se encerró en un salón, con Flor y cuando quise entrar me botó de la peor manera con gritoneos y alaridos. Tampoco recuerdo demasiado, me puse muy sensible, Flor de María se preocupó por mí, y estuvo hablándome largo rato, diciéndome que no me preocupara, que Naysha simplemente actuaba así por el alcohol, me dijo que me acompañaría a casa, y no me dejaría irme solo y mareado. Se armó todo un show, los chicos empezaron a consolarme cuando estuve fuera de la Sérvulo, me sentía cagadazo, estaba que quería llorar. Mónica lloró al verme así, sintiéndose sulpable, supongo. Ruth, igualmente. Sentían cierto...tipo de compasión, ahora que me pongo a pensar, me sentía muy incómodo a pesar de las buenas intenciones que mostraban...quería salir de allí. Y así lo hice después de no mucho, tuve que subir forzadamente a cantarle cumpleaños a un compañero de clases, y verle la cara a Naysha, en aquel momento no quería saber nada de ella. Luego me fui con Flor de María a mi casa.
No hablamos mucho en el trayecto...fuimos caminando todo el rato. Hablamos sobre lo que había ocurrido, por momentos le comentaba que estaba muy mareado y quería parar. En cierto momento nos sentamos en un parque y nos pusimos a jugar con el pasto, ella me tiraba y yo también le tiraba en la boca, haciendo la pantomima de darle de comer o algo por el estilo. De pornto ella agarró una hojita y me la empezó a pasar suavemente por el brazo, inventamos un jueguito, en el cual yo debía de atrapar la hojita, y siempre que lo intentaba ella sacaba rápidamente el brazo y no lo conseguía. Con el susodicho juego estuvimos sentados largo rato bajo un árbol. Me relajó mucho el hecho de estar allí, en tanto silencio, alejado de toda la mierda que había pasado en la Sérvulo.
Después de estar un buen rato en el parque, nos fuimos camino a mi casa. Llegamos exhaustos, con un calor abochornante. Ella me acompañó hasta el segundo piso. Aproveché para enseñarle algunas de mis obras que había traído de Lima, ella me decía que les gustaba mucho y que estaban interesantes. Aunque no vi demasiado entusiasmo en ella al verlas. También le mostré algunos trabajos en la computadora. Por todo el trajín del día, no aguanté y me recosté en la cama, mientras ella ojeaba mis trabajos, conversamos un toque más de nada, hasta que casi sin intención maliciosa la invité a recostarse: -Oye, ¿Estás cansada? Ven...recuéstate- Le dije.
Se acostó justo a mi lado e instantáneamente me abrazó, yo hice lo mismo. Me sentía muy extraño...me gustaba sentir el calor del cuerpo de alguien tan cerca de mí, me gustaba el hecho de no estar sólo, y solamente esto. De hecho ni siquiera se si me gustaba aquello en ese momento, o sólo me gusta el simple hecho de recordarlo ahora. Sus mejillas encendidas en mi pecho me acaloraban aún más, sus ojitos cerraditos eran cómo las de una muñequita, apodo que yo le puse desde que estuvimos en el salón de clases, por ser tan pequeñita. No me quise mover durante largo rato, estaba extasiado por la sensación, por la sorpresa. Le dije que se levantara para que pudiéramos recostarnos bien y ella accedió. En cierto momento me encontré encima de ella, y me dijo que tenía mucho calor y me preguntó que qué hacía yo cuando tenía mucho calor. No supe que responderle y le devolví la pregunta.
-¿Qué haces tu cuando tienes mucho calor?- le dije.
-No sé, pero ahora tengo ganas de quitarme toda la ropa- Me respondió.
Quítate todo pues- le dije en tono de broma. Y ella burlonamente me dijo que me quitara el polo. Yo no accedí, pidiéndole a ella que se lo quitara. Al ver su negativa, pensé en que no tenía nada que perder y lo hice. No mucho después ella también hizo lo mismo y se quedó en brasier. Aún no sucedía nada, aún no éramos nada, sólo era un jugueteo coqueto entre ambos, sólo dos actitudes pícaras tomadas por ambos. Hasta que yo le bajé los tirantes del brasier, y ella me correspondió quitándoselos por completo, en ese momento sentí que había traspasado un límite entre ambos, el que me haya expuesto algo tan íntimo era signo de que había algo más que simple picardía entre dos amigos, lo arriesgué todo y la besé. Lo hicimos intensamente. Estuvimos dándonos piquitos y besos prolongados largo rato. Despojarle de sus pantalones fue menos complicado, me comporté cómo animal antes de ello y le manoseé el trasero sin negativa alguna de su parte. Me sentía poderoso, sentía que Naysha se podía ir a la mierda con sus actitudes, que yo tenía con quién revolcarme ya. No la necesitaba.
Anduvimos desnudos besándonos también largo rato. De hecho es lo que mayormente hemos hecho en cada una de nuestras sesiones de sexo desde el viernes. Ella era virgen y penetrarla fue más que costoso. No por la dificultad de "entrar", si no por la negativa de ella ante el dolor. Lo logramos después de largo rato aún y paciencia mía. Lo hicimos sin protección alguna, pero logré terminar fuera de ella, sobre su vientre, afortunadamente. Fue en ese instante, y en esa cúspide de la relación sexual que me di cuenta que ni siquiera con el orgasmo que había obtenido sentía placer alguno. No sentía nada al besarla, no sentía nada al penetrarla, ni sentía nada cuando me decía cosas cariñosas. Es más, me consternaba el hecho de que me dijera que yo era lindo, que me quería, que no quería perderme, cada una de esas frases eran cómo puñales para mí. Y no sentí nada... En ningún momento sentí nada. Esa es palabra que mejor describe el vacío que sentía por ella. Todas las ilusiones que había tenido hasta entonces eran para con Naysha. Y a pesar que siempre me mostraba cariñoso con Flor, que le regalaba cositas, detallitos, le abrazaba, siempre la veía cómo una amiguita pequeña, cómo la muñequita que siempre le molestaba. Sentí una culpa tremenda, lo sentía mientras estaba con ella y lo sentí durante todo el fin de semana. Yo le pregunté si quería olvidar todo lo que había sucedido, y ella me dijo que no. Quería ser mi novia, y quería que fueramos abiertos con los otros chicos al respecto. Sentí culpa y pena cuando ella se fue, al despedirme de ella quise besarla en la mejilla, pero ella puso sus labios. No la olvidé durante todo el fin de semana...pero no eran recuerdos cómo los de Naysha, eran recuerdos de desilusión, melancolía y una culpabilidad extrema.
El Lunes que nos vimos nos sentimos extraños, pero no tardamos de retomar la confianza del viernes pasado. Cuando nos escapamos de la escuela, Naysha, Frank, Jason, Flor y yo, fuimos a la Huacachina, y allí no aguantamos el hecho de no hacer nada y nos besamos en frente de los chicos. Incluso Naysha nos vió. No entiendo por qué lo hice, ni entiendo porque lo he seguido haciendo. Volvimos a hacer el amor aquel día, igualmente que ayer. Cuando estoy en sus brazos y estamos recostados no siento que estoy con una mujer que me va a dar placer sexual, sólo siento el regocijo de un ser que me hace compañía y que no quiere estar sólo tanto cómo yo. No me siento sólo, no me siento sólo...pero a la vez me siento tan deprimido. No hará mucho para que el salón por completo se entere. A mi no me gusta nada Flor, y no veo un futuro en la relación que tenemos. No somos nada compatibles, y aparte del sexo no tenemos nada en común. Lo de Naysha se cagó por completo, ella me pidió disculpas el domingo, incluso me dijo para volver a salir ambos, pues el viernes que nos pusimos ebrios habíamos quedado en ir al cine pero no pudimos por lo mismo. Pero Flor está conmigo, no quiero desilusionarla, no quiero hacerla sentir mal. Y me sigo sintiendo cómo una basura al pensar en esto. Desde que sucedió lo del viernes estoy sumido en una depresión profunda, quisiera que terminemos ambos. Quisiera que volviera a ser mi pequeña amiguita, pero al mismo tiempo no quiero estar solo. A veces siento que la quiero más, sólo un poco, sólo por el hecho que me estoy obligando a hacerlo. El amor no se puede obligar, estoy en una situación bien extraña... me recuerda en cierto modo a Xóchitl, y empiezo a entenderla. Recuerdo lo mucho que amaba ella a Suzette y lo poco que podía yo lograr para hacerle sentir lo mismo que ella sentía por ella. Y aún así no me dejaba, y no me dejó por un buen tiempo, tal vez por la misma encrucijada y culpabilidad de haber hecho enamorar a alguien y no querer hacerle sufrir, tal vez e incluso sí empezó a sentir algo por mí porque ella misma se obligó a hacerlo, pero no porque le naciera.
Yo ya no quiero a nadie más, ni siquiera a Naysha. Quisiera estar sólo, no quiero hacer sufrir a Flor. No sé cómo decírselo. Jamás me había sentido así y no encuentro maneras, a pesar de que sé que todo el mundo me dirá que le diga la verdad, que la haré sufrir más con engaños...no puedo hacerlo. Yo no quiero a Flor de María, y aún así se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en que debo decírselo. Espero no se haya enamorado de mí realmente y también haya confundido las cosas. No quiero que en el salón nadie más me mencione más el tema de Flor, pues ya me tienen harto...
Flor planea para futuro conmigo, me dice que cómo haremos cuando yo esté en Lima, que me va a extrañar mucho y sobre todo que tiene miedo de perderme...eso último es lo que me caga y siempre me lo dice cada que hemos hecho el amor. No sé qué contestarle.
...Quisiera volver a Lima...quisiera olvidar la Sérvulo...
Estar tan sólo y con mi enfermedad a cuestas me va a matar aquí.
lunes, 30 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
jueves, 12 de mayo de 2011
Los ojos de la desesperación
Cuando ya no hay nada que hacer...o mejor dicho...
Cuando sabes que...ya no importa lo que intentes hacer o cuán desesperado estés.
No habrá solución alguna...
Tranquilo, Juan Manuel...el dolor no puede durar toda la vida.
domingo, 8 de mayo de 2011
En la tierra del huarango
Ya no he vuelto a escribir desde que inicié las clases en la Sérvulo, talvez porque no había tenido nada interesante qué escribir, ya que en verdad nada resaltante me sucedió hasta más o menos una semana. Las clases son bastante interesantes aunque debo admitir que no hemos avanzado demasiado en estas semanas, hay algunos profesores buenos cómo los hay insoportablemente odiosos. Los alumnos de mi clase son de lo más variados, aunque creo yo menos dementes que en la escuela de Bellas Artes de Lima, somos un grupo tranquilo dentro de todo. En el salón de clases todos ya me conocen y con todos he hablado aunque sea alguna vez, aunque no me identifico demasiado con ninguno de ellos. Tampoco entré a la escuela con el afán de conseguir amigos por doquier y ser el popular. Todo bien tranquilo. Ya tengo mis cursos predilectos cómo lo son el de Dibujo y el de pintura, cómo los cursos que más odio cómo Diseño artístico y matemáticas.
La escuela de Bellas Artes de Ica es bastante pequeña, y no hay demasiado alumnado que digamos, en el salón apenas y llegamos a ser catorce chicos. Mis días empiezan a las seis y media de la mañana para entrar a las ocho, aunque ninguno de los profesores de la primera hora es puntual. Me he dado cuenta cómo alguna vez me comentó Cora, que en la escuela le dan prioridad a los que son alumnos de Educación Artística y no a los de Artistas profesionales. Desde mi estancia en Ica he hecho ocasionales viajes a Lima para comprar algunos materiales que me han pedido los profesores.
En el salón...me siento estable, por llamar de alguna manera mi comportamiento dentro. No hablo demasiado, pero todos me conocen y todos me tratan amablemente, excepto nuestra delegada, Naysha que es algo apática, burlona, juiciosa, molestosa, e infantil, y que trata a todos cómo mierda, aunque sin embargo siempre destaca al momento de tener que pedir algo a los profesores, y le queda bien su papel de líder de nuestro salón por su marcada elocuencia. Es una tipa que me cae recontra mal, y a pesar de todo me gusta en cierto modo , que es lo más extraño e irónico, es cómo un corcel indomable, cómo un "reto" bastante difícil de superar. Hace poco uno de los chicos más callados de salón, uno que no dice ni "a", y a penas a cruzado palabra conmigo (Excepto por internet), Frank, se llama él, un chico greñudillo con los cabellos super lacios, él me confesó sus sentimientos para con nuestra delegada, y me expresó su tristeza al notar que ella ni en cuenta de que él existe. Tuve ciertos sentimientos encontrados, pues me gustó la nobleza del chico, parece bastante tranquilo y hasta prometió llevarme a su chacra un día para que yo pueda pintar, me cae bastante bien.
Naysha es una chica pequeña, delgada, de piel trigueña, con cara redondilla, de cabellos lacios sujetados con una cola de caballo y con mechas castañas, siempre vista ligera, con blusitas delgadas, jeans y sandalias. Ella me gusta, pero me llega al pincho y me cae super mal, contradictorio lo sé, aunque desde que sé lo de Frank me empezó a gustar menos, por alguna razón que no entiendo, o por alguna otra que nada tiene que ver con los sentimientos de Frank. Y a pesar de todo lo malo de ella, debo admitir que la sensación de mirarla a los ojos cuando ríe, con una de sus acostumbradas super escandalosas risas y ver que ella te corresponde la mirada, y sigue riendo contigo, es de lo más agradable e indescriptible que uno puede sentir, cómo si por un segundo en tu miserable vida esa pequeña demonio compartiera un momento de efímera intimidad y decidiera dedicarte la risa solamente a ti. Y ya consumado el momento, no te queda de otra que sonreir y contestarle de la misma manera, para luego sentirte de lo más estúpido por creer que necesariamente te correspondió la sonrisa y dejo de lado su diablura, pero no, sigue siendo la misma Naysha, sigue siendo la misma diablilla.
Un día, después de clases Naysha, Mónica (la mejor amiga de ella), Flor de María (una chica que conocí el mismo día), y los chicos del salón, fuimos al instituto nacional de la cultura a la vuelta de la escuela a ver la celebración del concurso de dibujo con tinta de Huarango. Habían muchos alumnos distribuidos en carpetas que estaban concursando, habían algunos dibujos muy buenos en ciertas mesas, los cuales vi mientras paseaba con Flor de María por el lugar. Aquel día Flor de María y yo andamos bien pegados, cómo extasiados por nuestro primer encuentro luego de evadidas oportunidades de intercambiar palabra. Estaba contenta de conocerla ya que no había tenido oportunidad de hablarle. La conocí cuando la profesora de Comunicación dejó un trabajo en grupos de a tres en clase que consistía en apuntar aspectos de la vida de cada integrante en un papel. Allí también conocí a Ruth, una chica de unos treinta y seis años, madre ya de un par de hijos, pero con la que no encontré demasiada afinidad.
En el lugar también regalaban plantas pequeñas de sauces, huarangos y otro tipo de árbol grande que no recuerdo, Naysha y Mónica pidieron un par. Luego de ver el lugar entramos al museo del mismo lugar, vimos algunas huacas de la antigua cultura Nazca, algunos cántaros, instrumentos de hilvanar, instrumentos musicales y cráneos perforados y otros muy extraños, alargados. Según Naysha me explicó, se les alargaba los cráneos a algunos miembros de la realeza para demostrar poderío. También vimos ciertos instrumentos de cirugía que más parecían instrumentos de tortura. Yo conversaba muy bien con los chicos, me sentía cómodo, especialmente con Flor de María. Mientras paseábamos le comenté sobre mi estadía en Ica, mi dificultad de adaptarme por completo, por lo que ella se ofreció a pasearme y enseñarme los distintos lugares. Ella era oriunda de Ica, al igual que Mónica. Estuvimos un buen rato, hasta que Naysha propuso la idea de irnos a la Huacachina, pero sólo cuatro aceptamos la idea, Ella, Mónica, Flor de María y yo. Los demás chicos se despidieron de nosotros, con regaños de Naysha que les decía "monces" por no acompañarnos.
Tomamos un taxi que nos cobró unos cuatro soles hasta la Laguna, al llegar vi varios turistas por la zona, realmente parecía un oasis, no sólo del desierto inmenso donde estaba situado, sino un oasis de la misma metrópoli iqueña, tan llena de mototaxis, autos y contaminación. Parecía un lugar de otro mundo, hasta los colores se veían diferentes allí, se apreciaban más intensos, con más vida, y el verde de la laguna, casi mágico. Caminamos un toque por aquí y acullá, curioseando algunos grabados en las paredes con poemas de Sérvulo, viendo las galería que por ahí había, creo que habían hasta cabinas de internet. Había una galería extraña, con todas las paredes pintadas con lapiceros, lápices, y dibujos hechos por visitantes, que obviamente formaban parte del estilo de la tienda, me causó gracia cuando las chicas dijeron -Asu, se pasan para rayar las paredes así.-
Conocimos a una pareja de artesanos con aspecto hippie, aunque el señor era bastante antipático. Les dijo a las chicas que estaban preguntando:
-Ya, chicas, compren una pulsera pues, carajo-
Naysha, contestó -Noo, no hay plata pues. Más barato-
Y el tipo insistiendo -Entonces díganle al pata pues, sino para qué lo han traído-
Todos reímos al escucharlo.
Después de pasear un toque, bajamos una de las escaleras, y caminamos cerca a la orilla de la laguna. Hay una leyenda sobre la laguna, que dice que hay una sirena que con sus cánticos atrae a las personas del lugar hasta el centro de la laguna, en dónde encuentran una muerte horrible, hundiéndose en las arenas movedizas ahogados. Curiosamente a mi me pareció divisar al otro lado de la laguna a una mujer con el pecho descubierto y con un vestido color azul que le llegaba hasta los pies y de cabellos bien largos y lacios. Me pareció hermosísima en el instante, y me quede observándola un rato, cómo hechizado, me quedé parado no se cuanto tiempo en la orilla, sin que mis amigas se dieran cuenta, apenas miré a otro lado al intentar volverla a ver de nuevo intentando buscarla en el mismo lugar con la mirada no logré encontrarla.
Me pareció muy extraño y hasta el momento no puedo explicar lo que realmente sucedió en ese momento.
Estuvimos sentados en unos botes esperando a que el señor que los alquila viniera, cómo nadie venía Naysha se subio a uno de ellos y nos invitó a subir a los demás, e hizo la pantomima de estar zarpando con el bote. Instantáneamente el chico del bote vino del otro lado de la orilla. Le pagamos y paseamos cómo unos veinte minutos, Naysha y Mónica se terminaron mojando entre las dos arrojándose agua para joderse, Flor de María y yo estábamos sentados en el otro extremo del bote. El señor remaba mientras desmentía la historia de la sirena, diciendo que no hay ninguna sirena y que son los turistas aventados los que mueren cada año intentando cruzar la laguna de orilla a orilla. Luego de unas cuantas vueltas, viendo patitos, turistas y árboles, bajamos del bote, agradecidos y caminamos hacia la salida. En el transurso de la caminata encontramos a un artesano, igualmente con estética hippie, greñugo con una cola de caballo que le llegaba hasta la cintura, de unos treinta y cinco años, que se iba a quedar en Ica un par de días más hasta irse a Ayacucho según nos contó. Nos habló bastante de su oficio, viajaban bastante, se recorrian otros países incluso, y me empecé a imaginar cómo sería una vida así. Me ilusioné con una vida de viajes, artesanía, gente y diversos lugares. Por un momento se me prendió la chispita aventurera empecé a alucinar cómo sería si me escapara de mi casa, con cierto presupuesto me comprara unas webaditas y me pusiera a vender pulseras, collares, huayruros, y vivir de eso.
Luego de volver a la realidad seguí escuchando al chico, riendo con las muchachas, y entre bromas pidiendo que le compraran una de sus pulseritas. Había una bien curiosa, que adoptaba varias formas según moviéramos las piezas que la componían, nos enseñó cómo tomaba la forma de una copa, una mariposa, un ovni, el sistema solar y demás figuras extravagantes. Se mostró de acuerdo con la iniciativa de fomentar la planta de árboles que hizo el INC, regalando árboles, pues nos contaba que con la tradición de la yunza se estaban matando muchos de ellos. También nos contaba de colegas suyos, algunos que se van a Lima y estan en Barranco, frente al mar (cosa que recuerdo en mis paseos con Andres y María Paula), y otros que se habían ido incluso hasta Argentina. Luego de conversar un buen rato con él y que las chicas no compraran ni mierda, nos fuimos del lugar. Regresamos en un taxi que nos llevo hasta la escuela. De ahí Flor de María y yo decidimos comer en un mercado cerca y nos despedimos de las dos chicas. Comimos en un lugar dónde sirvieron una comida de sabor horrible, aunque sirvió para llenarnos la panza, ella me acompañó hasta mi casa donde nos despedimos y se quito a su jato que queda cruzando la panamericana.
Aquellas cosas fueron las que fueron cultivando más la confianza que les tenía a las chicas, no tenía nada de roche al hablarles, aunque todavía no conocía a Carmen Rosa en ese entonces, siempre regresaba a casa de buen ánimo y alegre. Las cosas entre la gente del salón se dieron rápidamente, todos se conocen, todos se hablan y todos se tienen confianza.
Un Lunes hace unas dos semanas conocí a Karin, en verdad la conocí algún tiempo atrás, en el mismo examen de admisión, dónde conocí a ella y a Naysha, y la recordé, y noté su ausencia los primeros días de clase. Es una chica blanca, pecosa, de cabellos castaños largos y lacios, que siempre viste "fashion", usa uñas postizas, ahora tiene pestañas también postizas, lentes de contacto de color, es un poco más baja que yo, y bastante contraria a mí en muchos aspectos.
Desde el primer día en que vino a clases, se me empezó a acercar bastante y a buscar contacto conmigo, cuando veía mis dibujos me decía que era de los mejores, y que superaba por mucho a los demás alumnos. Al principio se me figuraba cómo una persona interesada. Me buscaba la conversa muchas veces, hasta que un día me dijo que tenía un trabajo que hacer en el cual debíamos de hacer un mural para un amigo suyo, y que nos repartiríamos el dinero en partes igual si aceptaba. Yo acepté y nos dijimos que bacán, que nada más acordaríamos el día en que iríamos a la casa del pata en Pisco.
Desde entonces empecé a hablar a menudo con ella, ya sea porque ella me buscaba o porque yo me aburría de los demás, y buscaba hacerle la conversa a ella. Ella no habla mucho con las de más personas, en cierto modo las ve vacías y no le nace el entusiasmo de sociabilizar, ella misma me dijo que se daba cuenta que no caía bien a las personas del salón, especialmente a Mónica. Un día en el cual me estaba retirando de la escuela, y llevaba uno de los caballetes a un salón al cual lo había pedido prestado, casualmente me encontré con ella y con Alexis, charlamos fugazmente, y en esa pequeña charla me comentó su deseo de venir a mi casa para que ambos terminemos el dibujo que la profesora Aurora nos había dejado, a ver si podía orientarla y ayudarla, yo accedí, pensaba que sería bueno llegar a intimar al menos con alguna persona del salón, ya que en casa realmente me sentía aburrido y solo.
Pasaron un par de días y la susodicha visita se consumó, fuimos luego de un ensayo que hubo en casa de Mónica, iban a sacar un número para el día de la madre, para ser exactos un baile típico. Naysha se había ensimismado en que yo sea el bailarín que hacía falta, me agarraba del brazo y me saco frente incluso, casi queriendome obligar a bailar. Eso me daba cólera por supuesto pues nadie en realidad quería salir, y a nadie obligaban tanto. No acepté, y simplemente me limité a observar el baile que lideraba Naysha, junto a Mónica, Flor de María y Carmen Rosa. Estuvimos un toque más, Karin y yo, a veces reíamos burlonamente cuando alguien se equivocaba, fuimos la única audiencia de los danzantes. En realidad las chicas, bueno, Naysha había logrado su cometido de lograr que haya un hombre en la danza, había conseguido convencer a un chico de otro año a participar, pero aún así intentaba obligarme a mí y a otro chico que había asistido a observar, llamado Cliver.
Karin y yo nos despedimos y fuimos a comer a un mercado que quedaba cerca, el lugar no era en absoluto de mi agrado, pero al no tener otra opción y no haber algún otro restaurante cerca, comimos allí. Luego tomamos una mototaxi, de las cuales abundan en cantidad en Ica, y fuimos a mi casa. No hicimos ningún dibujo, en realidad, de hecho no hicimos nada que tenga que ver con la escuela o tareas, sólo nos la pasamos charlando, sentados en la cama y recostados sobre la pared, de nuestras vidas. Ella me contó que era de Lima al igual que yo, pero que vivía ahora en Pisco por el trabajo de su novio. Ella vivía con su novio en la misma casa, y de hecho, él, practicamente era el que le daba todas las facilidades a ella, cosa por la cual Karin no quería separarse de él. Yo entre bromas le decía -Ojalá pudiera tener un novio así- mientras se cagaba de risa. Noté que era medianamente culta; había leído a varios autores afines a mí, aunque igualmente la notaba muy distante y diferente a mí en muchas cosas. Karin era más...juiciosa, o al menos esa era la impresión que me daba, cómo que se preocupa en exceso por el exterior, o al menos por su exterior.
Pidiéndome acercarme hacia su cuello me hacía oler la fragancia de su perfume favorito; era uno de lo más corriente y barato, se notaba, o mejor dicho, olía, a leguas, pero por alguna razón te volvía sonso y hacía que la desearas al primer instante, mejor dicho, olida.
Aquel día ella iba vestida completamente de negro, con una falda que le cubría hasta los pies, cuando la miraba me daba la impresión de que era una mujer muy exótica, cómo de aquellas que encuentras en el lejano oriente...o mejor aún, una gitana, sí, una gitana y se lo comenté a ella, mostrándose de acuerdo conmigo. Llevaba un collar, baratísimo igualmente, de perlitas anaranjadas, curiosamente es lo que más recuerdo de aquel día con ella.
Mientras me preguntaba cosas de mi vida, cómo si tenía enamorada, por qué me vine a Ica, si también me gustaba leer, o si salía a menudo con alguien por Ica, trataba de indagar sobre cuan lejos iba mi pensamiento, a mi parecer, o cuan abierto podría a llegar ser mi pensamiento. No tardamos en agarrar confianza, realmente, ya después me empezó a decir que se drogaba usualmente, con cocaína o con cerveza en exceso, aquella confesión fue cómo el punto de quiebre de la incertidumbre que teníamos uno con el otro, ya no había nada más que ocultar, podríamos decirnos y contarnos lo que sea. Me contó que tenía un contacto en Pisco, el cual le traía de Lima toda la merca, drogas de todo tipo: marihuana, coca, pasta, etc. Igualmente le comenté de mis experiencias con la hierba y mi única jalada de coca. Nos reíamos al recordar lo que se siente fumar hierba, cómo escuchabamos el sonido de hasta la mosca que pasaba, cómo al escuchar la música podíamos sentir sabores o "sentir" colores, cómo nos poníamos de agresivos cuando jalamos coca, y cómo ella incluso llego a abofetear a un amigo suyo por nada luego de inhalar la mierda esa. Todo era risas, ya casi parecía que nos conocíamos de años. Estuvimos así buen tiempo, un par de horas quizá, hasta que ella me invitó a tomar un vino por algún bar de Ica.
En realidad ninguno de ambos conocía ni un puto bar en toda la ciudad, así que paramos una moto y le dijimos al conductor que nos llevara al bar más cercano que pudiera conocer. Nos llevó a un bar supuestamente conocido, pero estaba cerrado, de hecho, según él, era natural que estuviese cerrado, pues aún era temprano. Así estuvimos dando vueltas, de aquí para allá, luego nos llevó a una tienda en la cual vendían cerveza, pero Karin se negó a ir allí, entonces nos alejamos más, hasta casi saliendo de la zona de la ciudad, empecé a notar que habían menos casas, y los lugares se tornaban más campestres. Llegamos hasta un bar, que después supe yo que se llamaba "El chupodromito", la música dentro de ella era ensordecedora, noté que habían algunos turistas fuera de este, en una mesita blanca, tomando. Apenas y podía escuchar lo que decía ella, por lo que cada que uno quería decirle algo al otro tenía que decírselo a la oreja.
Había otra zona en el bar, completamente diferente, en el cual había un culo de gente bailando, tomando, el ambiente hasta tenía luces de colores, y la música se escuchaba aún más mounstrosa.
No entramos allí, no tenía caso, yo no tenía intensiones de bailar porque me llegaba al pincho, y ella, aunque fascinada por el lugar, accedio a quedarse en la mesita dónde estábamos. Pedimos vino, pero no había, entonces pedimos una cerveza Pilsen Polar. Desde que empezamos a tomar hablamos tanto, durante tanto tiempo, que al final nos quedamos sin voz por tener que gritarle al otro en el oído. A medida que nos emborrachábamos más nuestras conversaciones empezaban a perder sentido. Recuerdo que ella me contaba, cuando le pregunté que qué había sido lo más loca que había ella hecho ebria, que una vez se puso a bailar encima del carro de alguna otra persona, y a saltar hasta que el techo del carro cedió y se hundió, en ese momento escaparon ella y sus amigas. También que en otra ocasión, cuando estaba en la universidad en una fiesta que la invitaron, ella se acuerda entre la ebriedad que había tenido entonces, que le hicieron entrar a un cuarto, en el cual había una cama en el medio y mesas alrededor, en la cama estaban tirando un tipo y una chiquilla de quince años, mientras al tipo, otro pata le estaba punteando por detrás, según ella era una escena comiquísima, todo me lo contaba entre risas estruendosas.
También me empezaba a decir huevadas típicas, cómo que qué maravilloso haberme conocido, que desde el primer momento que me vio supo que era cómo ya me conocía, y que la demás gente del salón le llegaba, porque los veía a todos comunes y vacíos. Yo le correspondí diciendo las mismas cosas, cuando ya estaba más ebrio y empezaba a hablar más. También me contaba de cómo a ella le gustaba tirar con su novio, que a ella le fascinaba la lencería y todo tipo de accesorios al hacer el amor con él. Mientras escuchaba las cosas que me contaba me parecía que sus métodos eran un tanto estúpidos en innecesarios. Me contaba que le gustaba ponerse su baby doll (Termino que desconocía hasta entonces), super transparente, que al pendejo de su "gordito" le fascinaba y lo ponía al mil. Que se ponía sus orejitas de conejo, y cuando yo le pregunté si los había comprado en una tienda erótica (Pues por su relato me hizo recordar de un video en el cual vi una chica haciendo lo suyo con orejitas; sí, mierda, de ese tipo de videos), y me dijo que no, que los había comprado en esos lugares donde venden accesorios para fiestas infantiles, tipo La hora loca, cuando me dijo eso no pude ya contenerme la risa, y reí cómo nunca lo había hecho con ella, y nos vacilamos ambos al mismo tiempo.
En cierto modo me excitaba su relato, me contaba que usaba tangas e hilos dentales porque le resultaba más cómodo y porque no le gustaba que el relieve de sus calzones se vea tras el pantalón, sí, me excitaba, pero era una excitación asquerosa, de ese tipo de morbos sucios que uno tiene.
No sé en qué momento tuve mi primera vomitada, cuando me di cuenta, luego de tanta charla y tanta risa, había tomado demasiado, posiblemente tenía en mi cuerpo más alcohol de lo que jamás había tenido en mi vida. Aquel día estaba triste, cagado, con los ánimos hasta el suelo, y cómo costumbre, aquel día bebí cómo un desgraciado. Ella reía al verme vomitar, y me decía -¡¡Ya!! Buitrea nomás, huevón, que te llegue la demás gente- En realidad me llegaba, de hecho, mi horizonte de conciencia no iba más allá que unos metros a la redonda, sólo existía Karin, los vasos y las botellas de cerveza, la mesita, y eso era todo. Karin también estaba cagada, pero a diferencia mía ella, tomaba casi todos los fines de semana. Y volví a buitrear, buitreaba cada cierto tiempo, ya hasta me había acostumbrado a la sensación, a sentir esa mierda granuladita y con sabor a bilis brotándote de la boca.
Días después me enteré que Karin en algún momento me empezó a tomar fotos con su celular, a ella y a mí, para darle celos a su novio. Aquella parte ya no recuerdo, estaba demasiado cagado y apenas y podía caminar. Sólo recuerdo estar en una silla de plástico, ya no dentro del local, sino afuera, cagadazo, y Karin en otra silla junto a mí. Cuando aún estábamos en el local, recuerdo que ambos estábamos tan ebrios que cuando uno le decía al otro algo, el otro ya no entendía nada, y sólo comentaba otra cosa que se le ocurriese pero el otro tampoco no entendía nada y así en un círculo vicioso. El hablar al oído del otro ya no funcionaba, y cómo estaba tan mareado cuando me acercaba a ella, ya no le hablaba al oído, sino al ojo, a la ceja, a la nariz, y hasta llegaba a chocar mi cabeza con la suya. Me gustaba rozar sus mejillas por alguna razón al igual que cuando ella se acercaba y me rozaba con sus cabellos con mechas pintadas de un color super artificial.
Afuera también buitreé, y hasta recuerdo que el tipo que atendía vino con una escoba y empezó a limpiar el piso. No sé en qué momento Karin pago la cuenta, y tan cagada estaba que pidió al mesero traer un taxi. En el taxi ya me desplomé, abracé a Karin con un brazo y mi cuello casi se disloca al apoyar la cabeza sobre la suya. Sólo recuerdo que llegamos a Soyuz, a duras penas, apenas si podíamos caminar, por suerte estaba aún lo suficientemente lúcido para no sufrir un accidente cruzando las pistas. Cuando entramos, y hablamos con la señorita que vende los pasajes, se dio cuenta que estábamos mareados, cuando nos pidió dijéramos nuestra ruta, no pudimos pronunciarla bien, nos dijo que no nos dejarían subir así. Karin dijo que parando el bus afuera, podríamos subir, y así fue. Subimos, buitrée una última vez en el bus, pagamos al cobrador, y me quedé dormido profundamente.
Ahora que rememoramos, Karin ni siquiera recuerda el momento en que me tuvo que dejar y bajarse en Pisco, estaba tan mareada que ella pagó mi pasaje pero se llevó mi boleto.
Al despertar una buena parte de la borrachera se me había pasado, incluso hasta me sorprendí de mi rápida recuperación, afortunadamente tenía ambas maletas conmigo, no me había robado, y todas mis pertenencias dentro. Me jodió tener que pagar mi pasaje, aunque Karin lo haya pagado. No recuerdo el resto del trayecto, ni si me mantuve dormido o despierto, únicamente recuerdo haber tomado un taxi al llegar al puente Benavides hasta la Av. Los Quechuas. Al llegar mi madre me recriminó, pero no me importó demasiado. No era la primera vez que llegaba ebrio a casa. Dormí cómo un tronco.
Desde mi salida con Karin no ocurrió nada resaltante. De hecho al empezar la semana en la Sérvulo me pareció todo muy monótono. Cuando el Lunes vi a Karin, nos mirábamos con complicidad. Fue a mi casa un par de veces más, en dónde seguimos hablando entre risas y haciendo un poco de tareas. Me empecé a acostumbrar a su presencia y a almorzar siempre con ella. Aunque el viernes pasado no tuve ganas de nada, y le inventé una excusa para no almorzar juntos ni ir al chupodromito. Incluso en la ceremonia del día de la madre no me mostré entusiasmado, había vuelto a entrar en depresión de nuevo. Cuando estuve en casa también me llamó, me contó riendo que había un culo de gente allí, que se había vestido toda putilinga y que si no me animaba a ir, que ella me pagaba la moto, pero me llegó al pincho.
Ahora que lo pienso bien debí irme a emborrachar nuevamente con ella y verla bailar, y no quedarme en casa, triste, y durmiendo todo el día. Me hubiese ayudado a disipar penas más rápidamene. Aún tenemos pendiente otra salida al Chupodromito y al cine. Con Frank, también quedé en visitar sus chacras uno de estos días en Santiago, quiero pintar paisajes campestres.
Ahora que he vuelto de casa la situación no ha mejorado, me apena...y aunque algunas veces piense en regresar a Lima, estar allá a veces es más doloroso. Esta semana iré con Karin a hacer el mural, pintaremos un Jesucristo y unos delfines, bizarro, lo sé, pero trabajo es trabajo. Según el chico ese tiene dinero, haber si no quiere que le pinte algún cuadro, o si quiere otro trabajo más en su casa. ¿Qué me deparará Ica? ¿Estoy haciendo lo correcto? Lo correcto con mi vida. Hora de dejar de escribir y seguir viviendo.
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